De la superación personal al ring: el esquelense Quimey Diósquez se prepara para su tercer combate de kickboxing en Villa La Angostura
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Con una historia de constancia, disciplina y fuerte arraigo familiar, el joven esquelense Quimey Diósquez, de 20 años, se encuentra en la recta final de su preparación para afrontar su tercer combate oficial de kickboxing. El evento se disputará el próximo 10 de octubre en la localidad neuquina de Villa La Angostura, donde llevará en alto el deporte de la comarca.
En diálogo con FM DEL LAGO, el deportista repasó los detalles de su presente competitivo, que va mucho más allá de subirse a un cuadrilátero: refleja una profunda transformación personal.
Una transformación profunda
Con una altura de 1,80 metros y una categoría actual de 70 kilos, Diósquez compartió el impacto que el deporte tuvo en su vida al recordar su punto de partida: llegó a pesar 110 kilos.
“El cambio empezó no buscando bajar el peso para pelear, sino para estar uno bien. Eso me llevó a pelear”, relató el joven.
Lejos de buscar soluciones mágicas, el proceso se construyó sobre bases sólidas: “No bajé todo de golpe, fui de a poco, regulando la alimentación y sumando entrenamiento progresivamente. Eso me empujaba cada vez más y el resultado de la balanza ayudaba”.
Pasión heredada y vida en familia
El kickboxing en la vida de Quimey no es casualidad; respira deporte por los cuatro costados. Su papá, su mamá y su hermana son profesores de educación física, un entorno que facilitó su acercamiento a la disciplina hace ya un año.
“De chico siempre lo vi a mi papá y es mi ídolo. Quise probar, me gustó y es lindo compartirlo con él”, expresó sobre los entrenamientos diarios que realiza bajo la atenta mirada de su padre en el gimnasio familiar.
El rigor de la disciplina
Consultado sobre la dureza de la disciplina, el luchador fue crudo y realista al describir lo que implica prepararse de manera competitiva: “Es un deporte que duele mentalmente y físicamente; las lesiones duelen y el entrenamiento en el gimnasio también, son dos horas de exigencia”.
La adaptación al dolor: “Por ahora no me acostumbro al dolor. Llevo bastante tiempo y cada vez siento más dolores musculares, capaz entran golpes nuevos y uno tiene que aprender a ser fuerte”, confesó.
El factor mental y físico: “Se aguanta mucho con la cabeza. Los golpes más difíciles son a la mandíbula y al hígado; te sacan el aire y te matan el cuerpo”.
Con la mira puesta en el 10 de octubre, Quimey Diósquez ultima detalles junto a su equipo técnico y familiar, listo para representar con orgullo a Esquel y Trevelin en el sur argentino.







