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“Es imposible subir por la calle”

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Marcela Mansilla, residente del sector, alzó la voz ante el crítico estado de las arterias, que dificulta el acceso de servicios esenciales como ambulancias y transporte público. “No vivimos en el lejano oeste”, sentenció.

La indignación crece entre los vecinos del barrio Cañadón de Bórquez ante lo que describen como un estado de “postergación histórica”. En diálogo con FM DEL LAGO, Marcela Mansilla, una de las vecinas que encabeza el reclamo, describió la situación como “desastrosa” y exigió respuestas urgentes a las autoridades municipales.

Calles intransitables y peligro constante

El mal estado de las calles no es solo una cuestión de tránsito, sino una barrera que impide el acceso a derechos básicos. Según relató Mansilla, la magnitud de los pozos impide que los vehículos circulen con normalidad, lo que se convierte en una complicación extrema para quienes deben trasladar a adultos mayores o personas con movilidad reducida.

“Tengo a mi mamá de 80 años, ella se crio en el barrio y ahora vive conmigo. Es imposible subir por la calle, hay un hueco terrible frente a mi casa”, manifestó la vecina. La problemática tiene, además, una arista de seguridad vial: debido a la falta de veredas o calles en condiciones, niños y adultos mayores se ven obligados a caminar por sectores de riesgo, exponiéndose a posibles accidentes ante la imposibilidad de transitar por la calzada.

Reclamos postergados

Además del mantenimiento vial, el pedido vecinal se centra en la extensión del recorrido del transporte urbano de pasajeros. A pesar de las gestiones realizadas, los vecinos denuncian haber recibido solo “promesas” por parte de la clase política.

Acceso a servicios: Ambulancias, patrulleros y taxis enfrentan serias dificultades para ingresar al barrio, lo que pone en riesgo la salud y la seguridad de los residentes.

Centralismo vs. periferia: “Todo para el centro, acá se olvidan”, fue la crítica de Mansilla hacia la gestión municipal, instando a las autoridades a dejar de lado la “politiquería barata” y avanzar con obras estructurales, como el ansiado adoquinado.

Un pedido de voluntad política

Lejos de bajar los brazos, la vecina enfatizó que el pedido no es un capricho, sino una necesidad de igualdad: “No vivimos en el lejano oeste. Queremos que el servicio urbano suba a estos barrios y que las calles se arreglen. Cuando hay voluntad, las cosas se hacen”.

Para la comunidad del Cañadón de Bórquez, la mejora de la infraestructura no solo significaría un alivio en el día a día, sino también el reconocimiento de un sector de la ciudad que siente que ha sido relegado durante demasiado tiempo. Por ahora, los vecinos permanecen a la espera de un cronograma de obras concreto que les permita, finalmente, “festejar” la mejora de sus calles.

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