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El Museo Molino Nant Fach celebró 30 años recuperando la historia del trigo en el Valle

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Lo que comenzó como un proyecto para mostrar un oficio antiguo, se transformó en un “pueblo del siglo pasado” bajo techo. Su creador, Mervyn Evans, celebró tres décadas de un atractivo que es marca registrada de la región.

El pasado 28 de enero no fue un día más para el patrimonio cultural del Chubut. El Museo y Molino Harinero Nant Fach, ubicado en el Valle de los Rifleros, cumplió su 30° aniversario y lo festejó abriendo sus puertas a una jornada cargada de nostalgia, visitas guiadas y el reconocimiento de turistas y residentes.

En diálogo con FM DEL LAGO, su propietario y mentor, Mervyn Evans, recordó aquel 28 de enero de 1996 cuando decidió inaugurar lo que hoy es uno de los museos más importantes de la zona. “Empecé con lo básico, de a poquito, y me fui proyectando. Hoy es un complejo enorme con máquinas funcionando, imprenta, molinos y carruajes”, relató con orgullo.

De un molino a un pueblo de época

La evolución de Nant Fach es el reflejo de la pasión de Evans por la historia técnica y social de los colonos galeses. Según explicó, la idea original distaba mucho de lo que el visitante encuentra hoy: “La idea era hacer solo un molino para mostrar la actividad de la época. Pero después quise construir un pueblo a cielo abierto”.

Sin embargo, el clima patagónico obligó a un cambio de estrategia que terminó dándole su identidad actual. “Evalué que el sol y la lluvia iban a estropear todo, así que armé un galpón y adentro diseñé el pueblo como una escenografía, con sus árboles y carruajes protegidos”, detalló Evans.

Una experiencia inmersiva

Nant Fach no es un museo estático. El atractivo principal radica en ver la maquinaria en movimiento, comprendiendo el proceso productivo del trigo que alguna vez fue el motor económico de la región.

Aunque la visita guiada estándar tiene una duración aproximada de 45 minutos, la riqueza de las piezas y el relato de Evans hacen que, en muchas ocasiones, el recorrido se extienda por más de dos horas para los visitantes más curiosos.

Tras tres décadas de trabajo ininterrumpido, el Molino Nant Fach se consolida no solo como un punto turístico, sino como un eslabón fundamental para entender la identidad del valle.