Ana Prane, hija de Cipriano Prane, antiguo poblador de la zona de Nahuelpan, denunció públicamente situaciones de violencia que, según manifestó, estaría sufriendo por parte de Javier Nahuelpan, referente de la comunidad Nahuelpan, y otras personas.
En diálogo con FM DEL LAGO, Ana, quien se desempeña como vocera de la Comunidad Prane, relató la historia de su familia y recordó que su padre nació en el Lote 4, en el sector conocido como Boquete Nahuelpan, al pie del cerro.
Según explicó, su familia fue una de las afectadas por el desalojo de 1937. “Mi papá fue desalojado en el año 37 y fue tirado a las montañas de la precordillera de los Andes. Él volvió y nacimos diez hijos, nos criamos ahí”, recordó.
En ese sentido, destacó que su padre llevó adelante una disputa judicial contra el Estado argentino por el desalojo y logró una sentencia favorable. “Fue una de las pocas víctimas del desalojo del 37 que por las vías legales le hizo juicio al Estado argentino y le ganó. Mi padre no anduvo tirando piedras, no anduvo amenazando a nadie, ni atropellando a nadie, sino que hizo uso de los derechos indígenas que nuestra nación ha logrado a nivel internacional”, expresó.
También mencionó la participación de su abogado, Eulogio Fritez, en el trabajo vinculado con los derechos indígenas y el convenio internacional.
DENUNCIA POR VIOLENCIA Y CERCAMIENTO DE TIERRAS
Al referirse al conflicto actual, Ana aseguró que atraviesa situaciones de violencia por parte de personas que, según indicó, se acercaron a su propiedad para colocar alambrados y exigirle que acepte determinadas condiciones.
“Hoy soy víctima de aquellos que dicen ser víctimas del Estado nacional. El señor Javier Nahuelpan, que es referente de la comunidad Nahuelpan, con otros patoteros han ido a alambrar el patio de mi casa y exigiendo que uno acceda por medio de la violencia y no salga por los medios”, denunció.
La mujer explicó que el alambrado se encontraría a unos 200 metros de su vivienda y que afecta un sector donde tiene sus animales. Además, cuestionó que quienes protagonizan estas acciones no respeten los mecanismos de diálogo y consulta.
Sobre el argumento de pertenencia territorial, señaló que le habría planteado a Nahuelpan que, si considera tener derechos sobre esas tierras, debería recurrir a la Justicia. “Le dije que nosotros estábamos ahí, nos dice que como estamos ahí, ellos también pueden estar. Les dije que vayan al Juzgado Federal y hagan la denuncia”, relató.
Asimismo, sostuvo que existe un proceso judicial con sentencia firme y orden de desalojo, y remarcó que su padre ocupó el Lote 4 desde su nacimiento.
“ANTES NO TENÍAMOS ESTOS PROBLEMAS”
Ana también recordó que durante muchos años existió una convivencia diferente entre las familias de la zona y que las diferencias no se traducían en situaciones de violencia.
“Yo nací y me crié ahí, fui a la escuela con muchos de ellos. A mí la división me la hizo el Estado argentino, devolviéndole a una familia 7.000 hectáreas de tierra y haciéndoles asistencialismo permanentemente”, manifestó.
En esa línea, sostuvo que antes del fallecimiento de su hermano no había atravesado conflictos de esta magnitud y recordó que su familia siempre mantuvo una relación de colaboración con los vecinos.
“Trabajamos la tierra con mi padre, si ellos necesitaban un auxilio se lo dábamos. Habría diferencias, pero no así tan violenta”, señaló.
La denunciante aseguró que, desde el fallecimiento de su hermano, se habrían instalado dos tranqueras y comenzaron episodios que describió como hostigamientos y ataques. Indicó que ya realizó una denuncia y que buscará otros recursos legales para resolver la situación.
“Son personas violentas las que han estado ahí. No puedo convivir con estas personas. Cuando abrís la tranquera se aparecen y te atacan, ellos te vigilan desde la casa”, afirmó.
“QUIERO VIVIR EN PAZ CON MI FAMILIA”
En otro tramo de la entrevista, Ana manifestó su dolor por tener que hacer pública la situación y pidió disculpas a su comunidad por recurrir a los medios de comunicación, aunque consideró que era necesario para defender a su familia.
“Me duele mucho salir al aire, pido disculpas a mi pueblo, pero no me queda otra que salir a denunciar esto públicamente. No puedo permitir el agravio a mi familia. Quiero vivir en paz con mi familia, guiados por el derecho”, expresó.
Finalmente, cuestionó las formas en que se estaría llevando adelante el reclamo territorial y sostuvo que la violencia no representa los valores de la cosmovisión de su familia.
“Mis padres nos enseñaron respeto por las personas mayores, la violencia no es nuestra cosmovisión. Se respeta a los chicos, a las personas mayores, a los huerquenes. Acá no hubo nada de eso, vino un lonco cuando él tendría que haber venido con su huerquen a hablar”, concluyó.
Ana insistió en que su reclamo apunta a que se respeten los derechos de su familia y se garantice la convivencia pacífica en el territorio. “Esto no le hace bien a la lucha indígena”, afirmó.