Zulma, la vecina que prepara gratis 200 viandas diarias junto a otros vecinos para los brigadistas en Cholila

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Es jubilada y voluntaria. Desde que comenzó el incendio, coordina equipos de cocina para alimentar a quienes combaten el fuego. “Mi marido y mi hermano fueron brigadistas; sé lo que es la desesperación de no saber cómo están”, confiesa.

En Cholila, cuando el fuego ruge, la solidaridad se enciende. Mientras las cuadrillas de brigadistas se enfrentan a “el monstruo” —como llaman los locales al incendio que acecha la zona del Blanco y Lago Rivadavia—, en la cocina de la Escuela 727 el trabajo es incesante. Allí, Zulma Villagran, una vecina jubilada y con una vocación de servicio inquebrantable, lidera el operativo silencioso pero vital de alimentar a quienes están en la línea de fuego.

En diálogo con FM DEL LAGO, Zulma relató cómo lo que empezó como un gesto espontáneo se transformó en una logística profesional: “Me acerqué para colaborar con elementos y terminé haciéndome cargo. Empezamos con 77 viandas y hoy ya llegamos a las 200. La cantidad de gente se incrementa día a día”.

Un menú pensado para el combate

El trabajo no es solo “hacer comida”; es aportar energía y un poco de cariño a quienes bajan exhaustos de la montaña. El menú es variado y nutritivo:

• Mañana: Tartas de verdura con carne, pizzas, milanesas, tortillas de papas y barras de cereales.

• Tarde: Tortas fritas, pancitos saborizados y tartas de manzana para el desayuno y merienda de los relevos.

“Somos grupos de 10 personas por cocina que rotamos cada cuatro horas, pero yo me quedo todo el día”, cuenta Zulma con naturalidad. A pesar de ser jubilada, su energía parece no tener techo. Coordina a jóvenes y mujeres que cortan, fríen y arman cada paquete con insumos que llegan de donaciones de toda la Comarca y el apoyo del municipio local.

El fuego, una herencia familiar

Para Zulma, el incendio no es solo una noticia; es una historia personal. Su marido y su hermano fueron parte de la brigada de Cholila, y hoy sus hijos de 26 y 32 años también están en el terreno, cargando camiones y tótems de agua en el Río Carrileufu.

“Es desesperante porque uno no sabe cómo están. El día que Lago Rivadavia estuvo peligroso, mis hijos llegaron a las 6 de la mañana; otros días vuelven a la madrugada. Esa angustia es la que me lleva a ayudar”, explica emocionada.

Esa conexión emocional se traduce en empatía pura. Zulma recuerda el incendio de 2015, aunque reconoce que este es distinto por la cercanía: “Es muy triste ver en qué condiciones bajan: cansados, con los pies ampollados. Ofrecerles una vianda es lo que yo puedo aportar desde mi lugar”.

Entre el humo y la esperanza

La situación personal de Zulma también se vio afectada por el avance de las llamas. Junto a su hermano, poseen animales en la zona de mallín por donde el fuego pasó literalmente “por arriba”. Afortunadamente, lograron salvar el ganado, aunque el sector permanece bajo guardia de cenizas.

A pesar de la angustia y el cansancio, Zulma no baja los brazos. Entre harinas, verduras y el calor de los hornos, ella y su equipo de voluntarios demuestran que, ante la ferocidad de la naturaleza, la comunidad de Cholila tiene un escudo infranqueable: la solidaridad.