Polémica en Esquel por los reductores de velocidad: vecinos piden semáforos en su lugar

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La Municipalidad de Esquel continúa con los trabajos de reparación y mantenimiento de los reductores de velocidad en distintos puntos estratégicos de la ciudad, tal es el caso de Avenida Holdich y Avellaneda. Si bien la medida busca mitigar las altas velocidades y prevenir accidentes viales en las calles locales, la modalidad divide aguas entre los habitantes de la localidad. Mientras un sector de la comunidad aprueba la instalación de los lomos de burro como un freno directo al tránsito, otra parte expresa un marcado descontento y exige alternativas tecnológicas más modernas.

Este último es el caso de Hugo Castillo, un vecino de la ciudad que dialogó con el móvil de FM DEL LAGO para sentar su postura en torno a una problemática que, de manera intermitente, vuelve a instalarse en la agenda pública de Esquel.

“Venía escuchando que se estaba hablando de los reductores y semáforos. Para mi ver como vecino y habitante de Esquel, voy a dar a favor de los semáforos”, manifestó firmemente Castillo.

El impacto en los vehículos y la falta de visibilidad

Uno de los principales argumentos esgrimidos por el vecino radica en el daño material que las estructuras actuales ocasionan a los rodados, sumado a las deficiencias de señalización que presentan durante las horas nocturnas. “Esquel es una ciudad; los reductores solo perjudican a los autos. Están muy altos y a la noche no se ven porque no están pintados”, advirtió.

Convencido de que la semaforización representa la solución de fondo ante un ordenamiento urbano que quedó desfasado, Castillo instó a las autoridades municipales a revisar los criterios de inversión pública en materia de seguridad vial. El vecino solicitó frenar la construcción de nuevos lomos de burro y redireccionar los recursos hacia sistemas de semáforos.

“El incremento vehicular es cada vez más”

Para fundamentar su reclamo, Castillo hizo hincapié en el crecimiento demográfico y el notable aumento del parque automotor que experimentó la planta urbana en los últimos años, un factor que complejiza la circulación diaria.

“Digo que si hay que gastar plata, pongan semáforos y se termina el problema. Será un gasto más, ¿pero para qué tantos impuestos que se pagan si hacen reductores que rompen los autos?”, cuestionó el vecino, y concluyó aportando una mirada sobre la realidad local: “Esquel ya pasó a ser una ciudad y el incremento vehicular es cada vez más; por habitante hay como tres vehículos”.

Por el momento, la comuna avanza con el plan de bacheo y reparación de las estructuras existentes, aunque los testimonios vecinales vuelven a poner en el centro del debate si el lomo de burro sigue siendo la herramienta adecuada para una ciudad en constante expansión.