La obra social nacional mantiene una deuda acumulada desde enero con el Círculo Médico, dejando a miles de afiliados sin atención ni medicamentos. Entre la angustia y la impotencia, los beneficiarios denuncian que “la enfermedad no espera” mientras las oficinas locales no ofrecen respuestas.
La sede de PAMI en Esquel, ubicada en la calle Roca 421, se ha convertido en los últimos días en el epicentro de la frustración. Nuevamente, la obra social más grande del país ha interrumpido sus prestaciones en la ciudad, sumando un capítulo más a una crisis que parece no tener fin. Mientras el conflicto administrativo y financiero con los prestadores médicos se profundiza por deudas que datan de principios de año, son los jubilados quienes pagan el costo más alto: su salud.
Relatos de la desidia
El móvil de FM DEL LAGO relevó testimonios desgarradores en la puerta de la institución, donde el denominador común es el sentimiento de desprotección tras toda una vida de aportes.
Manuel Huenchuman, jubilado oriundo de Gualjaina, recorrió kilómetros para encontrarse con la incertidumbre. “Vengo porque quiero saber si funciona o no. Toda la vida uno ha aportado para vivir dignamente. He tenido que comprar medicación de mi bolsillo y no hay reintegros. El campo está complicado y hoy no estamos para gastar monedas que no tenemos”, relató con amargura.
Por su parte, Delia, otra de las afiliadas presentes, calificó la situación como “un desastre”. Con dureza, cuestionó el destino de los fondos: “Nos descuentan todos los meses, pero no sabemos qué hacen con la plata. Cobramos una miseria y encima no tenemos médicos ni asesoramiento. La gente que está grave se va, no llega a atenderse; es feo vivir esto y tener que andar molestando a los hijos para todo”.
La urgencia de la insulina: “La enfermedad no espera”
Uno de los casos más críticos es el de Alejandro Silva, de 57 años, quien fue retirado de su actividad laboral tras sufrir la amputación de un dedo a causa de la diabetes. Silva lleva una semana “peleando” para que la obra social le autorice la insulina, un insumo vital para su supervivencia.
“Ni miran mi reclamo. Me dieron un número para que llame, pero está llegando la fecha de retiro y no tengo respuestas. Gracias a que el hospital me ayuda mucho, pero yo tengo una obra social por la que aporté”, expresó Silva, visibilizando la falla total del sistema de seguridad social.
Silencio administrativo
Pese al malestar generalizado y a la presencia constante de jubilados en la puerta del edificio, ningún directivo de la delegación local ha salido a brindar explicaciones oficiales o un plazo estimado de regularización. El conflicto con el Círculo Médico persiste y, mientras tanto, las recetas se acumulan sin firma y los turnos con especialistas quedan cancelados por tiempo indeterminado.
La crisis de PAMI en Esquel ya no es solo un problema contable o una negociación de convenios; es una emergencia humana que golpea al sector más vulnerable de la sociedad en un contexto económico donde, para muchos, comprar el remedio por fuera de la obra social significa dejar de comer.