Crisis y competencia desleal: El crudo panorama de los remiseros en Esquel

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Con una caída estrepitosa en la demanda y el aumento de costos, los trabajadores del volante denuncian que los “autos truchos” agravan la situación. “Hay que estar 12 horas arriba del auto para hacer un peso”, aseguran.

Un servicio en jaque

La esquina de la remisería “La Terminal” se ha convertido en un termómetro de la crisis económica que golpea a Esquel. Los trabajadores del sector enfrentan un combo letal: aumentos constantes en los insumos, una clientela que prefiere caminar para ahorrar y una competencia informal que crece sin control ante la mirada de las autoridades.

Ernesto Avilés, un veterano con cuatro años en la parada, describió a FM DEL LAGO la difícil rutina de esperar un viaje que tarda en llegar. “Cada vez que hay aumentos hay menos viajes y quedamos siempre en lo mismo. Los que más trabajan hoy son los ‘autos truchos’ que van para arriba y para abajo cargando gente”, denunció.

La lucha contra la informalidad

Uno de los puntos que genera más indignación entre los trabajadores habilitados es la falta de fiscalización sobre los vehículos particulares que prestan servicio de manera ilegal.

“Acá el Uber no existe; son autos particulares que no pagan nada, mientras nosotros pagamos Ingresos Brutos, patentes, habilitación y alquiler. Estamos acá en la esquina y los autos truchos paran, cargan y se van como si nada”, lamentó Avilés.

Incluso, con un toque de ironía frente a la angustia, el remisero comentó que al reclamar ante las autoridades les piden pruebas: “Si preguntás, te dicen que son parientes… ¡No sé cómo tienen tantos parientes en este pueblo!”.

Cambios en el consumo: Del taxi al “bolso en mano”

El comportamiento de los vecinos de Esquel ha cambiado drásticamente. El servicio, que antes era cotidiano para muchos, hoy se ha vuelto un lujo reservado para emergencias o compras grandes.

• Días de cobro: “La gente va a La Anónima cuando cobra, después muere todo”, explican.

• Ahorro extremo: El vecino hoy prefiere caminar, a menos que lleve mucha carga.

• Precios congelados: El viaje mínimo se mantiene en $4.500, ya que los remiseros temen que un nuevo aumento termine de espantar a los pocos clientes que quedan en los barrios.

Un invierno con expectativas bajas

La estructura de la remisería también sufrió recortes: ante la baja rentabilidad, ya no cuentan con operadora para la recepción de llamados. Actualmente operan 9 unidades en esa parada, donde los choferes deben cumplir jornadas de 12 horas para alcanzar un ingreso mínimo.

Tras un año pasado para el olvido, donde ni la temporada de La Hoya ni la de los tulipanes cumplieron con las expectativas de transporte, el sector apuesta sus últimas fichas al próximo invierno. “Vamos a tener que aguantar un tiempito más, esperando que este invierno se mueva un poco”, concluyó Avilés con la resiliencia de quien no tiene otra opción que seguir al volante.